domingo, marzo 21, 2010

Son mis amigos…

En la calle pasábamos las horas… El fin de semana pasado regresé por primera vez a Barcelona. Da gusto volver, sentirte como en casa. Ver a la gente que quieres y que te quiere. Gracias a todos.

Ya en París, y con una muela del juicio de menos, a mis compañeros de Efe les ha tocado vivir una semana movidita. ETA asesina por primera vez a un policía francés, en lo que parece ser una actuación más que chapucera de los etarras. Sin embargo, no menos brillante ha sido el proceder de la policía francesa al difundir un vídeo de los etarras –sin ser presuntos- que en realidad eran bomberos, para más inri, catalanes. Todos los medios de comunicación picamos. Fuentes oficiales que no se contrastan. Es increíble como la desinformación puede cambiar la perspectiva. Mi compañero Javi, tras muchas gestiones con las autoridades francesas, consiguió el vídeo completo de la entrada de los bomberos –por aquel entonces sanguinarios etarras- al Carrefour. El vídeo era más amplio que el que difundió el Ministerio del Interior español. Estuvimos mirándolo atentamente. “Mira, uno entra primero por delante a vigilar… y luego el resto. Se paran, miran que no haya policía. ¿Qué están metiendo en el carrito? tienen una lista, el calvo… el calvo mira la lista y otro mete algo en el carro. ¿Qué es? Es un tetra-brick… no, tiene tapón, es un envase. Ay… pobre señora, la de atrás, no sabía que estaba al lado de terroristas… Es que tienen una pinta de sospechosos… míralos entrando ahí los cinco bien juntos y hablando…”. Festival.

domingo, marzo 07, 2010

Saltan las alarmas en Francia

El primer miércoles de cada mes París se detiene al mediodía, y al mediodía y 10 minutos. Un estruendo desgarrador recorre la ciudad, calle por calle, avisando a la población de que no olviden. No olvidar. Recordar. Esa es la intención de esta sonora sirena, exactamente la misma que sonaba en los años 40, y que recuerda que la capital francesa fue bombardeada durante la Segunda Guerra Mundial y posteriormente ultrajada por el ejército alemán. Más de sesenta años después, los parisinos siguen recordándolo mensualmente porque luego se convirtió en una victoria, una liberación que hace sentir orgullosos a todos los franceses. Personalmente me parece excesivo, una manera de sembrar miedo. Parece indicar que nunca está de más hacer ver a la población que pueden ser víctimas de un bombardeo o de un ataque nuclear.
En esta ocasión, en el primer miércoles de marzo, Francia volvió a sentirse ultrajada en casa. Por suerte para todos sólo se trataba de fútbol, pero España pasó como un ciclón por encima de Francia. El partido de “La Roja” constató la desidia y la desesperanza con la que los franceses esperan este año el Mundial de Sudáfrica.
Nadie confía ya en el seleccionador francés, Raymond Doménech, un tipo agrio, arrogante, tedioso y muy maniático. Se dice, se comenta, se escucha que ni Pires ni Giuly -hace pocos años de lo mejorcito en sus posiciones en Francia- eran de su agrado por su signo del zodíaco. Pires es Escorpio, un signo que no iba bien para el grupo y el vestuario... según Doménech, claro, mientras que Giuly es Cáncer, y en ese grupo mundialista ya había demasiados.
El tipo, de ascendencia catalana, llegó al puesto de seleccionador tras el fiasco de sus antecesores en el Mundial de Japón y Corea y en la Eurocopa de Portugal, con una Francia que parecía desgastada y oxidada.
Sin embargo, el técnico consiguió alzar el vuelo con esa misma selección vieja, viviendo aún de rentas del Mundial ‘98 y de la Eurocopa ’00 (ambas ganadas por los “bleus”) y la llevó hasta la final del Mundial de Alemania ’06 ante Italia, que le ganó en los penaltis en el partido del mítico cabezazo de Zidane a Materazzi.
Ese gran éxito -nadie puede discutir que es un éxito de Doménech- es el que le ha mantenido y le mantiene en el cargo, cuando Francia lleva desde 2006 arrastrándose por los campos de fútbol, haciendo el ridículo en la Eurocopa de 08 (eliminada con tan sólo un gol en tres partidos en la primera fase) y clasificándose para el Mundial con una escandalosa mano (x2) de Thierry Henry, el capitán de la selección, al que nunca más le invitarán a una pinta en Dublín.
El pasado miércoles, una España que quiere jugar como el Barça pero que todavía no lo es, doblegó a medio gas la resistencia gala y puso de los nervios a todo el Stade de France, que silbó tanto a Henry como a Ribéry, la representación de la vieja guardia y de la savia nueva de los ‘bleus’. Y, por encima de todo, pidió la dimisión de Doménech.
Un técnico al que nadie quiere: ni aficionados, ni prensa ni hasta algunos de sus propios jugadores, que, como Ribéry y Henry, le echan pulsos por jugar donde ellos quieren.
En respuesta, el técnico pareció agarrarse a la historia. Aunque el juego y el resultado lo dejaron en evidencia, Doménech explicó que en 2006 estaban igual de mal y que llegaron a la final por la puerta grande, tan sólo cayendo en los penaltis y con 10. Que lo que parecía un desastre se convirtió en una victoria.
Como cada primer miércoles de cada mes, saltaron las alarmas, pero lo importante es recordar.

Cielos

jueves, marzo 04, 2010

Los 'bajitos' se la lían a Francia

Contracrónica realizada durante el transcurso del partido Francia-España, en Saint Denis, París. (Extraída de Abc.es)

La calidad de Iniesta, Silva, Cesc, Xavi y la definición de Villa fueron demasiado para una Francia que no pudo contrarrestar el juego de mimo del balón que impuso España en el amistoso que disputaron el miércoles en el estadio de Saint Denis.
El seleccionador español, Vicente Del Bosque, posicionó como elementos creativos en el once inicial a tres jugadores de los denominados 'bajitos', el valencianista David Silva, el azulgrana Andrés Iniesta y el 'gunner' Cesc Fábregas, mientras que la punta de ataque fue para el resolutivo Villa.
A pesar de la suplencia del 'bajito' por excelencia y cerebro de la selección, Xavi, España comenzó a dominar el partido tras unos primeros 15 minutos de tanteo, ante una Francia cuyas estrellas se difuminaban con el paso de los minutos.
Ni el talentoso Gourcuff, ni el barcelonista Henry, ni mucho menos el pretendido Franck Ribéry, que acabó desesperado a caballo entre la banda derecha -donde no le gusta jugar- y la izquierda, encontraban la manera de tener el balón, desasistidos por los teóricos arquitectos del once galo, Lass Diarra y Jérémy Toulalan. En el minuto 20 llegó una primera y letal combinación española de calidad, Iniesta asistió para Silva, que dejó pasar con maestría el balón para habilitar a Villa, que definió con toda la tranquilidad del mundo ante Lloris.
A partir de ahí, España dominó con autoridad, ante un rival cada vez más nervioso y con muchas dudas, y hasta pitado por el público francés. A la fiesta del talento se unió Sergio Ramos poco antes del descanso, tras una buena jugada de todo el equipo español y con algo de suerte porque el balón entró con la ayuda del defensor del Sevilla Julien Escudé.
El seleccionador galo, Raymond Domenech, ya advirtió en la rueda de prensa previa al partido que España es "una referencia" por el juego de toque y calidad que despliega, y que su Francia practica un juego "diferente". La diferencia se dibujó en el campo, con unos 'bleus' mucho más atléticos que tocadores, mientras que "la Roja" realizaba un juego cada vez más parecido al del Barcelona, con mucha posesión del balón.
A ello contribuyó la salida de Xavi Hernández, que sustituyó a Cesc, con lo que a los centrocampistas azulgranas -Busquets, Iniesta y Xavi- se le unía la calidad de Xabi Alonso. El rosario de cambios en la segunda mitad rompió un poco el partido, aunque ello no impidió que se escucharan "olés" en las gradas de Saint Denis cuando España tocaba.
La entrada de Jesús Navas, otro 'bajito' con clase, aunque éste con la velocidad como característica, y de Fernando Torres permitió a Xavi y Silva buscar pases en profundidad, que sin embargo no acabaron de ser precisos. El 0-2 relajó poco a poco a los españoles, que quitaron el pie del acelerador para asegurar una importante victoria de cara al Mundial de Suráfrica. El sello de España, pese a un final de partido algo más deslucido, quedó patente en París ante Francia, a la que no ganaba en su casa desde hacía casi 42 años.

miércoles, febrero 24, 2010

El recuerdo de “La Nueve”

Más vale tarde que nunca, dice el refranero popular. Hoy he tenido la suerte de asistir a un acto de gran carga emocional en el Hôtel de Ville de París. 66 años antes, concretamente un 24 de agosto de 1944, la capital francesa era liberada del nazismo por las fuerzas aliadas, con la "División Leclerc" al frente, compuesta entre otras compañías por "La Nueve", integrada mayoritariamente por combatientes republicanos españoles de la Guerra Civil y que tuvo el honor de ser la primera en entrar en París.

Entre ellos se encontraban personajes como Luis Royo, Rafael Gómez o Manuel Fernández, héroes anónimos que entraron triunfantes (Fernández lo hizo en camilla tras ser gravemente herido) en tanques como el “Guernica”, el “Madrid” o el “Guadalajara” por el sur de la ciudad (Porte d’Italie) hasta tomar el Hôtel de Ville.

Estos tres hombres recibieron hoy la máxima distinción que otorga el Ayuntamiento parisino como agradecimiento por haber liberado su ciudad y por su dedicación a la lucha contra el fascismo.

Tres supervivientes a los que les llega un reconocimiento tardío, pero que como mínimo aún viven para verlo, al contrario que muchos de sus colegas de compañía. La emoción les ha invadido esta mañana al recibir esta distinción entre aplausos, a unos hombres que han proseguido con sus vidas en Francia hasta el día de hoy.

Curtidos en la experiencia del 36 al 39 y posteriormente en los combates en el Norte de África, los españoles de “La Nueve”, que también recibían el apodo de “Los Cosacos”, por su rudeza y temeridad, y que oficialmente llevaban por nombre la “Novena Compañía del Regimiento de Marcha del Chad”, fueron algunos de los grandes olvidados de la liberación parisina.

Como nos explicó Alberto Marquardt, el director del documental "La Nueve o les oubliés de la victoire", que hoy ve la luz en París, el General De Gaulle omitió en su discurso del día después de la liberación cualquier tipo de agradecimiento a los combatientes extranjeros. Ni a los americanos, ni obviamente a los españoles, árabes, polacos o belgas, que fueron indispensables para que todo saliera como hoy sabemos.

Sin embargo la historia está escrita, y aunque siempre se puede intentar borrar o modificar, también se puede rescatar para acercarla a la veracidad. Hoy, por fin, estos combatientes recibieron una medalla que amplía aún más la mitomanía que ha desplegado “La Nueve”.

Marquardt también nos comentó que la primera vez que pensó en hacer el documental fue tras leer “Soldados de Salamina” de Javier Cercas, a raíz del genial personaje de Miralles, héroe como los verdaderos Gómez, Fernández, Royo y tantos otros que hace 66 años escribieron una de las páginas más célebres de la historia.

Sin duda, cada uno de ellos guarda en su interior una historia de libro, película o documental. Son pedazos de historia vivientes que me temo que los más jóvenes nunca sabremos apreciar precisamente hasta que se haga la película, el libro o el documental. Y el tiempo de los supervivientes se acaba.

martes, febrero 16, 2010

La mujer perfecta

El periodismo, de vez en cuando, tiene estas cosas sorprendentes y excitantes. Ayer estaba de fiesta en el Carnaval de Dunkerque disfrazado de mujer (lo tradicional es hombres vestidos de mujeres y mujeres de hombres) y cuando llegó el momento de marchar para casa, aún resacoso y adormilado, me preguntaba qué tenía programado en el trabajo para el lunes.
¡Mierda, un vídeo! Es más, mierda, un vídeo sobre la designación sobre no se qué tipa ecuatoriana como nueva embajadora de la UNESCO… ¡qué coñazo! Si los actos de la UNESCO ya por sí venden poco, si la noticia es una mujer de Ecuador aún importara menos.

Tururú. Lo de hoy ha sido realmente divertido. Nos hemos acercado con María Luisa (compañera de Efe) al hotel en el que se hospedaba la ecuatoriana, donde teníamos previsto hacerle una entrevista antes de la ceremonia. María Luisa se ocuparía de la entrevista y yo del vídeo y de la nota en el acto en la UNESCO. Aquí ha empezado el show de Ivonne Baki (la homenajeada en cuestión). Ex candidata a las elecciones de Ecuador, ex ministra de Comercio, ex embajadora en Estados Unidos, ex Presidenta del Parlamento Andino… es decir, alguien realmente importante.

Cómo es costumbre, lo bueno se hace esperar, y una vez allí nos ha retrasado la cita media hora porque se estaba arreglando. El embajador de Ecuador para la UNESCO nos ha distraído con cafés durante ese tiempo, y Maria Luisa ha pactado con él que yo me fuera en su coche para poder llegar a tiempo a la ceremonia.

En los 10 minutitos de entrevista he tenido la impresión que Baki es una mujer que irradia optimismo, contagia su entusiasmo y tiene una facilidad increíble para caer bien a la gente. Recordó mi nombre a la primera y tras la entrevista no tuvo ningún reparo en presentarme a sus amigos que la venían a apoyar en la ceremonia. “Ésta es…(no lo recuerdo), éste es un brasileño que… (ni puto caso, para mis adentros) ella es un princesa de… (no se qué país árabe al que no presté atención) ella es Bo Derek…”

¡Increíble! ¡Tenía ante mí a la mujer perfecta, a la chica 10! Aunque claro, unos 30 años más tarde de que se convirtiera en sex-symbol de toda una generación.
Lo primero que pensé, tras darle la mano, es que seguía siendo guapa. Sin embargo también constaté que el tiempo, como la gravedad, sigue la misma ley. Todo cae. Caen mitos, párpados y tetas, aunque mantenía la sonrisa perfecta.

El segundo capítulo sorpresa estaba por llegar, pero éste más ligado con la profesión del periodismo que con las revistas del corazón.
Como habíamos pactado, me enchufé en el coche que la embajada ecuatoriana había contratado para desplazarse hacia la sede de la UNESCO Allí en medio estaba yo, periodista de Efe, junto a Baki (que conducía con suavidad), el embajador ecuatoriano, el hijo de Baki ( de unos 35 años, al que le hacía de guía turístico: “esto es el Grand Palais, esto la École Militaire…”) y uno de sus asesores (entestado en comparar la maltrecha economía de España con la de Grecia… (¡pero tío, si eres de Ecuador!). Oí cómo Baki repasaba el discurso, cómo preparaba la reunión previa con la directora general de la UNESCO, Irina Bokova, o cómo el embajador le aconsejaba ciertos retoques técnicos y de protocolo para el acto. Muy divertido.
Esta vez, al llegar al gigantesco y arcaico edificio de la UNESCO, no entré por la puerta trasera de acceso para periodistas, accedí triunfante por la puerta principal, sin pasar por ningún tipo de control. No sé cómo (sí lo sé, enganchado a Baki), en dos minutos ya estaba metido adentro del enorme despacho de la Bokova, en la sexta planta, donde rezaba la inscripción: “Dirección General”. El único medio de comunicación que se había metido hasta la cocina. Se me escapaba una amplia sonrisa. Tras la reunión y tras la ceremonia, en la que centré millones de planos de mi cámara en Bo Derek, por mi cabeza pasaba la idea de que hoy había sido un gran día. Había disfrutado con mi oficio, había estado con personas muy importantes de muchos ámbitos distintos. Un día mejor que lo que puede ser una gran Fiesta como el Carnaval de Dunkerque, que atrae a millares de personas. Lo único que espero es que ni la Directora General de la UNESCO, Irina Bokova, ni la super ex candidata presidencial de Ecuador Ivonne Baki, ni su hijo, ni el embajador de Ecuador para la UNESCO, ni por supuesto Bo Derek se estuvieran preguntando todo el rato porque ése periodista español, guapito, bien vestido, discreto, calladito, y que les había seguido por todas partes durante todo el día llevaba aún la línea de ojos negra marcada, algo de rimel en las pestañas y purpurina dorada en la oreja…


Escrito ayer lunes, publicado hoy martes.

lunes, febrero 08, 2010

Echar una mano…

Salía tarde de casa para el trabajo, con prisas, casi sin prepararme la cartera. Como siempre, cuando vas con retraso el ascensor tarda más en llegar. Al fin lo oí acercarse, pero su ruido mecánico característico venía acompañado de un fuerte llanto, desconsolado, asustado. Se abrieron las puertas, y allí estaba, sola, una pequeña niña de origen africano de unos 4 ó 5 años aterrorizada, llorando a gritos. Entré en el ascensor y le pregunté donde estaba su mamá, y si sabía en qué piso vivía. Sólo obtuve de su boca una respuesta: “Mama, mama…” entrecortado por sus sollozos. No hacía falta intentarlo más, no era por mi pobre francés, era porque sólo era capaz de articular ésta palabra.
La intenté tranquilizar con palabras sensibles, y le ofrecí mi enorme mano para calmarla. A pesar de su cara horrorizada, ella me la cogió y se calmó. Confío en mí, un auténtico desconocido para ella, blanco, de 1,90 metros y abrigado hasta las cejas. Me llenó. Una vez abajo, aún cogidos de la mano, se reencontró con su familia, que en un momento de descuido, se les había escapado la niña al ascensor. Llegué tarde.

Salía sin prisa de mi bus, el 96, después de haber visitado de manera gratuita el Musée Pompidou (nunca entenderé el arte moderno) por ser primero domingo de mes. Estaba pensando en mi cena, un bocata de chorizo, y en si debía tomarme una coca-cola o no. Claro que sí. A mi derecha, el colmado regentado por un hombre, probablemente de origen afgano, que como muchos de los que hay en Barcelona, no entiende de horarios ni de festivos. Ví salir de su tienda a un hombretón grande, africano y rondando los 55, que tropezó con el mini escalón que da acceso al establecimiento. Cayó a peso justo delante mío, plano, como un saco de patatas, esparciendo por la acera la mini-compra que acababa de realizar. Aún en el suelo, intenté preguntarle como estaba, y volví, como días atrás, a ofrecer mi mano, que ahora ya no era grande, sino pequeña, para ayudarlo a levantar. Tardó mucho, muchísimo. Al principio no sabía si se había roto algo, luego me percaté que la pista no era el dolor, sino el olor, la embriaguez. Finalmente me cogió la mano, con fuerza y no me la soltó, mientras yo seguí insistiendo en si se encontraba bien. Él, de rodillas en el suelo, empezó a musitar unas palabras. Pero como días atrás, encontré una respuesta que no contestaba a mi pregunta: “¿Tienes una moneda?”, “¿Tienes una moneda?”. No era por mi pobre francés, era porque él sólo era capaz de articular ésta frase. Lo levanté, le recogí la bolsa de plástico y el gorro y me fui. Cené un bocata de chorizo con una coca-cola.

viernes, febrero 05, 2010

No tant lluny de casa…

Skype. Pa amb tomàquet. La Competència. Tu. Jean-Paul. Barça. EFE. Spaguetti Carbonara. Hotmail. Manel. L’home que treballa fent de gos. Valdés, Alves, Puyol, Piqué, Abidal, Xavi, Iniesta, Sergio Busquets, Pedro, Ibrahimovic, Messi i Guardiola. Un altre cop tu. Angelines. Ous ferrats. Jean-Luc. Fotografies. Els Òscars. El minut a minut, però el bo, el de PR17 y ‘Monsieur Henry’, el de Ferran Martínez. Galetes Principe.Els amics de les arts. Mohamed Jordi. APM. Salsitxes de frankfurt. Al mar. Sol. Kebab. Internet. El millor calendari del món. Els guapos són els raros. Avui.cat. Dejà vu. The wire. Facebook. Català i catalí. JJJJusto Molinero. Succedani de cacaolat. I per suposat i sempre, tu.

martes, febrero 02, 2010

SDF

Si tuviera que escoger un lugar que he conocido bien durante este mes en París, hasta en demasía, elegiría sin duda, el Metro. No por gusto, sino por obligación. Sin mi estimado C4, mi movilidad queda ligada a ir por debajo tierra, en estos arcaicos trenes que pasan sin cesar –es increíble la frecuencia de paso- por las viejas estaciones parisinas. Algunas tienen su encanto, como Arts et Métiers, decorada con un color cobre, o Palais Royal-Musée du Louvre, al estilo de la majestuosidad del museo, otras, en cambio, dan más pena que otra cosa. Pero el denominador común en todas ellas es el volumen de gente en movimiento: cabeza abajo, auriculares en las orejas, abstraídos, dirigiéndose a sus casas o trabajos. Los que se quedan, sin embargo, son aquellos que no tienen adónde ir, los que ya forman parte del paisaje de la estación junto a las papeleras y los mapas de metro, quartier y de Bus. Desde hace años les llaman SDF (Sans Domicile Fixe), vamos, el clochard (vagabundo) de toda la vida. Una manera más de escurrir el bulto, dándoles un nombre “cool” y que les aleja todavía más de la sociedad. Y es que los “sans-abri” están a raudales por París, y en concreto en el Metro, donde se refugian del frío invierno. Nadie repara en ellos, restan totalmente excluidos socialmente y aparecen difuminados con el resto de la estación, amparados en las botellas de alcohol y con sus sacos de dormir, amontonados. Desconozco las políticas sociales del estado francés en este sentido, pero parecen destinados a una vida imposible de enderezar, sin esperanzas futuras ni nada por lo que luchar.
Extraña paradoja la de estos, que a pesar de dejar pasar a diario centenares de trenes, no encuentran uno al que subirse para que les lleve a una mejor estación.

jueves, enero 14, 2010

lunes, enero 11, 2010

El momento del día

- Bonsoir!
- Bonsoir
- Une baguette s'il vous plaît
- 85
- Merci!

La primera sensación en esta fría París es es el contacto de las manos heladas con el pan recién hecho de una auténtica Boulangerie. Vaya a la hora que vaya, siempre está recién hecho. Me dirijo hacia la puerta observando las tartines, salgo, rompo con la mano el cuscurro, me lo zampo y vuelta a empezar. Hasta mañana.

domingo, enero 10, 2010

Hostel


Hay gente que nace vanidosa, alegre, inocente o prepotente. Yo nací tacaño. Es un hecho, creo que incontestable.
Reservé un hostal en lugar de un hotel para mis primeros cuatro días en París, en lo que tenía que ser tiempo suficiente para encontrar un piso para mí. El Hostel en sí está en una situación perfecta, en la Rue Mouffetard (5eme arrondissement), y bien comunicado para moverse por toda la ciudad, pero por un módico precio de 25 euros por noche, la habitación se tenía que compartir con otros tres huéspedes.
De Young&Happy –así es como se llama el hostal- sólo podría destacar dos cosas. Uno, el desayuno (croissant, pan, mantequilla, mermelada, leche y cereales), y dos el recepcionista homosexual que te regala minutos del wifi de pago (2 euros, ½ hora).  En el tiempo que pude charlar con él estuvo encantador, un portugués que vive en Francia, pero que domina a la perfección tanto el español, el inglés como el francés e incluso me pareció oírle indicar en alemán.
“Uf… muchos han llegado con reserva de una semana para encontrar piso y se han tirado un mes aquí…”, me adelantó el portugués, que al ver mi cara de horror, me regaló 60 minutitos más de Internet para seguir concertando citas.
Por suerte venía con el trabajo medio hecho desde casa, y entre el jueves (día de mi llegada) y el viernes tenía 4 citas concertadas, -de las que se anularon dos con un escueto mensaje en el website de “cette personne a dejà trouvé une collocation”.
Tras mi primera exitosa cita, que se alargó hasta las 11 de la noche, me dirigí hacia al hostal a pasar mi primera noche con la idea de que sólo tendría que compartir habitación con una chica, puesto que al dejar mi equipaje únicamente había una cama ocupada.
Al abrir la puerta con la llave –luego me enteré que el cierre no funcionaba y que por tanto la habitación número tres se podía abrir tan sólo empujando la puerta-  descubrí por mi olfato que no estaría sólo. Entre la oscuridad y el olor a hombres (2) cerrados en una habitación de 10 metros cuadrados me desnudé, y me metí en el saco de dormir junto a mis objetos de valor, llaves, móviles, cartera y tocando con los pies la maleta del portátil…
No culpo a los dos compañeros de habitación del pestazo, yo mismo contribuí al quitarme los zapatos después de un día largísimo que empezó a las 6:50 de la mañana y que acabó a medianoche después de andar mucho con las pesadas maletas a cuestas.
A raíz de esto, supongo que se explica lo siguiente. A los 30 minutos entra en la habitación una chica (a la que a partir de ahora llamaré Loca Borracha o Puta Retorcida), completamente ebria, y lo primero que hace es gritar y dirigirse hacia la ventana para abrirla en toda su extensión. No hace falta recordar que en París en enero hace frío, mucho frío, y más de noche. Me quedé sin saber que hacer hasta que el chico de arriba de la litera bajó a cerrarla, hecho que provocó la reacción de Loca Borracha, que se tomó su propia venganza personal.
En los siguientes 45 minutos (no exagero)  se entró en una guerra psicológica a tres bandas entre Puta Retorcida, los dos chicos y yo mismo. Loca Borracha se dedicaba exclusivamente a putear al resto gritando y gimiendo como si se estuviera masturbando o follando, mientras que uno de los dos chicos se iba de la habitación con un portazo y el otro le pedía amablemente en inglés y por su nombre de pila (¿Kate?) si podía mantenerse callada, lo que me llevó a deducir que eran amigos. En medio me encontraba yo con ganas de tirarle un zapato en la cabeza a Loca Borracha, pero temía la reacción de sus dos “amigos”.
Finalmente Puta Retorcida cesó en su recital erótico y pude destrozarme tranquilamente la espalda durmiendo en la cama del hostal hasta las 8:30 de la mañana, cuando los tres hombres nos despertamos e hicimos todo lo posible para joder a Puta Retorcida, abriendo la luz, hablando y golpeando la puerta. Entonces descubrí que no eran amigos suyos, sino que se trataba de dos chilenos de viaje por Europa (habían estado en Florencia y Roma, y después de París se dirigían a Londres, Barcelona y finalmente Madrid) que habían intercambiado unas palabras con ella por la tarde, y me indicaron que desde las 19:00 Puta Retorcida ya iba borracha como una cuba. Me quedé con las ganas de haberle metido cuatro gritas a Loca Borracha y decirle que era una impresentable irrespetuosa y  me prometí decírselo si la veía.
Tras la tortuosa noche (por suerte me quedé con el piso que había visto el día anterior), me fui a la agencia a conocer a mis nuevos compañeros de trabajo y básicamente a hacer tiempo hasta las nueve de la noche para empezar el traslado a mi nuevo piso. Volví sobre las 16h al hostal con la intención de descansar, no lo hice antes por que el servicio de limpieza es de 11 a 16h, y finalmente me tuve que esperar más de la cuenta, aspecto que solucionó rápidamente el recepcionista portugués regalándonos 1 hora de wifi a los dos huéspedes que esperábamos para entrar en nuestra habitación, yo y una chica con pinta de francesa guapa y refinada  que leía con tranquilidad un libro mientras esperaba. Cuando finalmente nos dieron luz verde  para subir a nuestras habitaciones, tuve la suerte de comprobar que la joven guapa era Puta Retorcida. No supe qué decirle. Supongo que además de tacaño, también tengo algo de cobarde.

PD: Me he dado cuenta que el post se estaba alargando, y por ello he omitido pasajes como la descripción del hostal: las puertas que no cierran, un lavabo minúsculo en el que cagando debías estar preocupado de todo menos de cagar, como por ejemplo que, sentado, mis rodillas impedían cerrar la puerta, o hasta el grifo de la habitación, que tenía el clásico funcionamiento de dejar correr el agua para que cayera directamente en la papelera puesta  debajo, y no en las cañerías.